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Etapa 06. Cabeço de Vide – Crato

La sexta etapa de este Camino consta de unos 26 kilómetros hasta Crato y unos 29 kilómetros si decidimos seguir hasta Flor da Rosa. A unos 8 kilómetros del inicio pasamos por la población de Alter Pedroso, y 5 kilómetros después entramos en Alter do Chão en donde encontramos todos los servicios.

En Crato y en Flor da Rosa no hay albergues. Las opciones de alojamiento son casas de turismo rural o de turismo de habitación con precios elevados. Están en acorde con lo que ofrecen, pero se salen del presupuesto medio de un peregrino.
Lo mismo sucede en Alpalhão, el posible final de la etapa siguiente.

No tuve que preocuparme mucho, pues regresaba a casa ese mismo día. Con lo cual, y con la intención de llegar a Alter do Chão a la hora de comer, salí tarde y me tomé la etapa con mucha calma pues tan solo tenía por delante 13 kilómetros hasta esa ciudad.

De nuevo café frío con bolos de mel y salgo del residencial siguiendo las flecha amarillas que me llevan hasta una pista cercana con la primera cancela del día.

Es de las que más me gustan a mi, con una sola hoja de fácil apertura y cierre. Entro en la finca y camino por esta pista esquivando charcos durante unos kilómetros saludando a las vacas que me miran un poco perplejas.

Un par de kilómetros después llego a una granja con maquinaria para trabajos forestales y montones de ramas y viruta de madera. Probablemente para biomasa.
El camino por está zona esta complicado por el barro y el paso de las grandes ruedas de las máquinas.

Salgo de esta explotación siguiendo las flechas amarillas que me conducen por una senda con un extenso pinar de repoblación por el lado derecho.
Superado el pinar, un poste con la concha y flecha amarilla me invitan a desviarme a la derecha.

Continúo unos metros en linea recta y giro después a la izquierda por otra pista casi inapreciable, pues la hierba crecida la camuflaba con el resto del prado. Llego hasta un muro de zarzas con dos huecos. El de frente inaccesible por la cantidad de agua, pero el hueco de la derecha me permite acceder por uno de los bordes sin mojarme, tan solo unos pequeños arañazos de las zarzas.

A partir de aquí entro de nuevo en la dehesa, pero a diferencia de anteriores ocasiones, no tengo un vallado a ambos lados del camino, pues voy caminando dentro de la finca espantando con mi caminar a docenas de vacas y terneros.

El camino ahora es sinuoso, con pequeños giros a izquierda y derecha, sin embargo está perfectamente señalizado y encontraremos muchas flechas amarillas para no perdernos dentro de esa enorme finca.

Las vacas suelen asustarse de nuestra presencia y no representan peligro. De todos modos, es conveniente no provocarlas, pues si tienen crías pueden sentirse amenazadas y todos sabemos lo que es una madre furiosa defendiendo a sus cachorros.

Después de unos 3 kilómetros por esta finca llego a una pista de tierra que me conduce hasta la entrada de Alter Pedroso.
Unos perros atados ladraban dándome la bienvenida y uno de ellos se interponía en una pequeña subida por la que debía acceder. Giré a la izquierda y subí hasta el castillo por la siguiente calle sin ningún inconveniente.

Una vez visitado los restos del castillo y contemplado las bonitas vistas desde ese punto, me detuve a descansar en una mesa y aprovecho para cambiar los calcetines, pues a pesar de no llover, la hierba estaba alta y mojada en algunos tramos.

Salgo del pueblo en descenso y continúo unos metros por carretera hasta desviarme a la derecha entrando en una finca con cancela cerrada pero con dos tramos levadizos a ambos lados para poder pasar fácilmente, tan solo agachándome un poco.
Interrumpo sin intención el descanso a un puñado de ovejas tumbadas en el camino y después de unos metros me encuentro con un monumento megalítico conocido como Anta do Tapadões o Anta de Alter Pedroso.

Anta do Tapadões o Anta de Alter Pedroso

Continúo en descenso hasta una pista de tierra rojiza con enormes alcornoques diseminados por la finca.

A lo lejos veo una pick-up acercándose despacio. Un minuto después, poco antes de cruzarnos, me retiro a un lado para cederles el paso. Levanto mi mano y sus ocupantes me devuelven el saludo moviendo la cabeza, pero por cortesía adquirida, sin muchas ganas. Me dio la impresión de que no les hace mucha gracia que los peregrinos y caminantes circulen por sus fincas.

Poco después, antes de salir a una pista de tierra clara, encuentro la cancela de salida. En esta ocasión no había puertas levadizas y el cierre no se podía abrir pues tenía un candado. Pensando en la manera de traspasar la cancela o la valla, observo en una de las estacas dos cuñas de madera clavadas en lados opuestos.

Tiro la mochila y el bastón al otro lado de la verja y apoyo un pie en la cuña de mi lado. Haciendo equilibrio levanto el cuerpo y paso la otra pierna al otro lado para apoyar el otro pie en la otra cuña. Levanto después la pierna contraria con cuidado de no engancharme con los pinchos de alambre y salto al suelo. Prueba superada.

Sigo por la pista clara algo más de 1 kilómetro y entro en Alter do Chão a las 11:30. Todavía es temprano para comer, así que me dirijo hasta la Junta de Freguesia para sellar la credencial, visito un poco la ciudad y pasadas la 12 me dirijo hasta el restaurante Churrasquinho Alentejano a la entrada de la ciudad, y en donde un cartel anunciaba dos platos a escoger en su diaria (menú del día). Una vez dentro me decido por las chuletas de cerdo encebolladas.

Costeletas de Porco de Cebolada

Tras la comida, vuelvo hasta el centro de la ciudad para salir por un camino paralelo a la carretera nacional n-245 y que va en algunos tramos encajonado entre muros.
Poco después salgo a esta carretera y camino por ella durante un kilómetro y medio. Llego a una rotonda, paso por debajo de la autopista y luego otra rotonda. Continúo por otra carretera de asfalto con algunos tramos de adoquines durante 2 kilómetros, hasta que una flecha amarilla me desvía a la izquierda por una pista de tierra.

Más adelante giro a la derecha y transito en ligero descenso por un bosque de eucaliptos. El primero que me encuentro en estos 6 días.

Tras el bosque llego a un cauce que vadeo sin problemas pisando en las pequeñas piedras del lado izquierdo y ayudándome con el bastón.

Sigo después por un sendero paralelo a las vías del tren que cruzo más adelante para caminar después entre las vías y el río Ribeira de Seda por un verde bosque típico de ribera. Unos metros más adelante cruzo este río por un puente medieval.

Tras superar este cauce toca ascender por una pista de tierra hasta alcanzar la carretera.

Crato queda a un kilómetro y medio de este punto. Yo debo aparcar mi Camino aquí y tomo la carretera en dirección contraria, hasta la estación de ferrocarril de Crato en donde cogería un tren hacia Oporto a las 16:40.

Track de la ruta en Wikiloc.

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Etapa 05. Santo Amaro – Cabeço de Vide

La quinta etapa de este Camino consta de unos 25 kilómetros. A los 12 kilómetros del inicio se encuentra la localidad de Fronteira en donde encontraremos todo tipo de servicios.

A las 06:00 suena mi despertador y salgo del saco sin pereza. Mezclo café soluble con agua fría y azúcar, y lo acompaño de una barrita de cereales y un par de bolos de mel que todavía me quedaban en la mochila. Me aseo, preparo la mochila y salgo por la puerta del vestuario a las 06:15.

El Camino, con su correspondiente cancela, se encuentra al lado del campo de fútbol, pero tuve que retroceder hasta el café O Galacho para depositar las llaves en un buzón y regresar. Traspaso la cancela y camino durante unos kilómetros de nuevo por la dehesa observando a las vacas con sus terneros que pacen a sus anchas aquí y allá.

Más adelante rebaños de ovejas que dejan de comer y me observan al pasar.

El Camino gira después a la derecha entre jóvenes olivos para desembocar en la carretera. Camino algo más de 3 kilómetros por esta carretera sin apenas tráfico hasta que una flecha amarilla me invita a seguir por una pista a la izquierda. Continúo unos metros por este camino evitando charcos y giro a la derecha para divisar una recta entre una antigua vía del tren en desuso y un extenso olivar. Después de andar unos metros hundiendo las zapatillas en un barro arcilloso que se pegaba más a cada paso y percatándome de que no era un tramo aislado, decido retroceder y continuar por la carretera.

Sigo entonces por esta carretera entre olivos y cultivos, pero con el terreno más firme, y un kilómetro después llego al lugar en donde se libro la Batalla de Atoleiros. Un cartel de una media maratón que se celebraba ese mismo día en Fronteira así lo atestiguaba y me decía que era un verdadero guerrero.

Sigo por esta carretera y más adelante llego hasta una rotonda con la habitual bienvenida a la población.


Continúo caminando y al entrar en la población encuentro el bar de los Bombeiros Voluntarios de Fronteira, donde me detengo para tomar algo caliente. Pido un café con leche y un trozo de pastel, que degusto con calma mientras miro las noticias en la televisión.

Al salir del bar, continúo por una larga avenida y paso por la salida y meta de la media maratón con toda su organización. Al final de esta avenida, tras pasar un parque, las flechas me dirigen a la derecha para salir de Fronteira por una pista de tierra.

La lluvia me había respetado toda la mañana, pero empezaba a caer una fina llovizna por lo que me puse el chubasquero y el cobertor a la mochila.

Sigo caminando y a pesar de la llovizna intermitente que me acompañaba, el Camino seguía siendo muy bonito en esta época del año.

Después de un par de kilómetros alcanzo un arroyo que iba algo crecido. Afortunadamente al acercarme descubro con alivio que hay un paso elevado a la derecha para poder pasar sin tener que descalzarme.

Unos metros después del arroyo y tras un pequeño repecho alcanzo una carretera sin arcén y de escaso tráfico, que me llevó durante los últimos 8 kilómetros hasta Cabeço de Vide.

Una vez en la población, sigo las flechas amarillas hasta que me indican una subida hacia el castillo. Hago caso omiso y giro a la derecha por una acera empedrada hasta que finaliza y giro de nuevo a la derecha por una pista de tierra en atenuado descenso para alcanzar una bonita senda que me lleva directamente a la entrada de las Termas da Sulfurea.

Había llamado por teléfono dos días antes para asegurarme de que el residencial estaba abierto. El hombre que me contestó, después de explicarle mi situación, me dice que no me preocupe por nada, que cuando llegue tengo una habitación con baño ya preparada con sabanas y mantas, y que a los peregrinos les cobra solamente 8 €.

El entorno estaba un poco vacío, pues era temporada baja. Después de unas vueltas localizo la recepción y al entrar una chica sale de una estancia y me da la bienvenida mientras me pregunta si soy el peregrino. Al contestar afirmativamente me registra y me cobra lo acordado, para después conducirme hasta el residencial y mostrarme mi habitación.

Antes de despedirse, le comento que necesitaba lavar algo de ropa. Me condujo hasta su lavandería y me permitió usar la lavadora y la secadora industrial después de explicarme los programas de cada una. Quise pagarle el servicio pero no quiso aceptar nada a cambio.

Tras una buena ducha, camino los 1,2 kilómetros hasta el pueblo para comer, pues el restaurante de las Termas estaba cerrado. Una vez en el centro, descubro que el restaurante O Pedro cierra los domingos, por lo que un paisano me recomienda el restaurante Avenida, unos metros más abajo.
Además de prato do dia tenían una amplia carta con buenos precios, por lo que me decidí por meia dose (media ración) de Bacalhau à Brás, con pan y jarrita de vino.

Bacalhau à Brás

Con el estómago lleno vuelvo al residencial, saco la ropa de la lavadora y la meto 40 minutos en la secadora, mientras duermo una pequeña siesta.
Al final fueron 2 horas de siesta por que me lo pedía el cuerpo. Recojo la ropa ya seca y decido volver al pueblo para visitar el castillo, que simplemente es una pequeña muralla circular con una especie de faro dentro, un bonito mirador, y a unos pocos metros una iglesia y un pelourinho.

Bajo de nuevo por las empinadas calles y entro en un bar a tomar una cerveza y conectarme al WIFI, pues no tenía cobertura 4G y me iba muy lento el acceso a Internet.
Mañana sería la última etapa, pues tenía que regresar a mi ciudad. Así que después de consultar horarios, compre un billete de tren desde Crato hasta Oporto, en donde un autobús me dejaría en mi ciudad dos horas y media después.

Al salir del bar ya era una buena hora para cenar, por lo que volví al restaurante Avenida y pedí Prego no Prato, que consiste en un filete de ternera con un huevo frito encima, acompañado de arroz y patatas fritas.

Prego no Prato

Cuando salí de cenar ya empezaba a anochecer, por lo que volví al solitario residencial para retirarme a mi habitación a descansar.

Track de la ruta en Wikiloc.

Etapa 06. Cabeço de Vide – Crato

Etapa 04. Estremoz – Santo Amaro

La cuarta etapa de este camino consta de 20 kilómetros. A los 13 kilómetros del inicio llegaremos hasta São Bento do Cortiço, en donde encontraremos un bar y una pequeña tienda de alimentación justo al lado.

En Santo Amaro no hay albergue. La Junta de Freguesia de Santo Amaro pone a disposición de los peregrinos literas, aseos y duchas en los vestuarios del campo de fútbol. Existe la opción de alargar la etapa 12 kilómetros hasta Fronteira en donde hay otras posibilidades de alojamiento (Bombeiros Voluntarios o residencial A Estalagem).

Salgo temprano de Estremoz por su lado norte después de un goloso desayuno en una pastelería. El cielo estaba gris con algunos claros que dejaban escapar ocasionalmente algunos rayos de sol. Transito un par de kilómetros por una zona residencial con áreas comerciales y grandes supermercados.

Tras superar el supermercado Continente las flechas me desvían a la izquierda por una bonita pista entre olivos. Por primera vez, además de las flechas amarillas pintadas o recortadas, veo un poste de color marrón con la concha de vieira y la flecha amarilla indicando el Camino.

Camino durante 2 kilómetros entre olivos, muchos de ellos recién podados, y por un camino con algunas zonas de tierra arcillosa, que con la lluvia se convertía en un barro pegadizo que se adhería a los bordes de mis zapatillas aumentando su peso y dificultando el paso.

Llego después a una carretera sin tráfico y por la que camino unos 4 kilómetros entre prados de hierba para el ganado.

Dejo después el asfalto por una pista a la derecha que me devuelve a la dehesa. Vuelvo a abrir y cerrar cancelas, vacas pastando entre las encinas y alcornoques que me observan alertas a mi paso.

llego hasta un claro con una sencilla cancela. Dentro de la finca hay un rebaño de ovejas y un perro de raza mastín ladrando.

Me acerco y compruebo con alegría que el camino no sigue de frente, pues gira a la izquierda. Me adentro en la finca tras abrir y cerrar la cancela y sigo mi camino mientras el perro sigue ladrando pero tumbado y sin ademán de levantarse. Imagino que simplemente me estaba avisando.
Sin embargo las ovejas, más confiadas que otras que encontré anteriormente, no se asustaban por mi cercanía y se quedaron quietas observando mi caminar.

Salgo de la finca por otra cancela y metros después llego hasta una recta que transcurre entre flores de jara con la vista de São Bento do Cortiço al final de esta pista.

Al llegar me desvío unos metros a la izquierda hasta el bar para hidratar el cuerpo, que estaba abierto pero sin clientes a esa hora.
Después de la cerveza de media mañana vuelvo al cruce y continúo hasta el final del pueblo para desviarme a la izquierda por una pista de tierra.

Los últimos kilómetros hasta las inmediaciones de Santo Amaro transcurren por esta pista entre diferentes cultivos agrícolas y prados de hierba para el ganado que se alternan con olivares y viñedos.

Poco antes de entrar en la población me cruzo con la carretera nacional N-372, que atravieso y sigo de frente por otra carretera más estrecha y con menos tráfico que me conduce a la entrada de Santo Amaro por su lado oeste.

Había hablado por teléfono con la Junta de Freguesía el día anterior y me comunicaron lo que podían ofrecerme, que eran literas sin sabanas ni mantas, un cuarto de duchas y otro con servicios. Acepté y quedé en recoger las llaves en el café O Galacho, pues era sábado y la oficina de la Junta estaba cerrada.

Pregunté a un paisano y llegué hasta el bar. El dueño del bar tras mi pregunta me entregó las llaves indicándome que tenía que seguir hasta el final de la calle hasta llegar a la última casa después del campo de fútbol. Antes de despedirme le pregunté donde podía almorçar, a lo que me respondió que ellos daban comidas.

Así que me dirigí hasta el final de la calle para descubrir el lugar de acogida, que como me imaginaba era el vestuario de los jugadores.

Tenía dos vestuarios. Uno para el equipo visitante y otro para el equipo local. Uno de ellos olía un poco raro, probablemente de alguna cañería, por lo que decido inspeccionar el otro vestuario. Este tenía dos literas con unos bancos. un montón de duchas y servicios, pero no olía mal.

Me instalo y compruebo sin sorpresa que no hay agua caliente en ninguna ducha. Minutos después oigo llegar un coche y salir una persona que me llama. Abro y tras saludarme me dice que va a encender la caldera. Me pide las llaves pero no estaba la que buscaba por lo que tiene que ir a por ella a la oficina de la Junta. Al volver estuvo un buen rato intentando encender la caldera pero sin éxito, por lo que me dijo que iba a buscar a alguna persona que me dejara ducharme en su casa. Yo veía un poco lío todo y tampoco quería molestar, así que le respondí que no era necesario, que no hacía calor y no había sudado.
Quedó un poco aliviado y se despidió deseándome un buen Camino.

De todas formas me aseé un poco en el lavabo y tras cambiarme de ropa me dirigí hasta el bar antes de que se hiciera tarde para comer.
Al llegar vi una mesa preparada para 6 comensales y en otro lado ya tenían otra preparada para mi con un mantel y cubiertos. Me senté y la hija del dueño me trajo aceitunas, pan y una jarrita de vino tinto que le pedí para beber. Al poco rato la mujer del dueño y también cocinera, me trae una fuente de barro con un guiso de ternera con patatas diciéndome que si quiero más, solo tengo que pedirlo.

Lo cierto es que me lo comí todo y no pedí postre por que ya no me entraba nada más.

El resto de la tarde lo pasé matando el tiempo en el vestuario pues la lluvia no me dejaba muchas opciones. Pegué un folio con esparadrapo en una pequeña ventana que estaba agrietada, contesté mensajes, consulté las redes sociales, llamé a algunos amigos. etc.

A última hora de la tarde fui hasta el bar A Ponte a tomar una cerveza y a sellar la credencial y después volví al frío vestuario y cené algo de lo que llevaba en la mochila.
Me acosté poco después y me metí en el saco de dormir con calcetines, ropa interior, pantalón, camiseta térmica y forro polar. Logré conciliar el sueño pronto debido al cansancio, pero desperté un par de veces por la noche tiritando de frío.

Track de la ruta en Wikiloc.

Etapa 05. Santo Amaro – Cabeço de Vide

Etapa 03. Evoramonte – Estremoz

La tercera etapa de este Camino consta de 25 kilómetros sin poblaciones intermedias, por lo que es aconsejable llevar agua suficiente y algo para comer a mitad de jornada.

Amanece lloviendo y sobre las 07:00 estoy listo para salir. Decido esperar 30 minutos y tras la contemplativa espera sin cambios salgo con el chubasquero y el cubre mochilas. Los 20 minutos que tardé desde la casa hasta el bar de la estación de servicio me dejaron empapado y helado. Me despojé fuera del bar de la mochila y del chubasquero y entré a pedir un café con leche y un doce (pastel). Antes de salir del bar observo que se van abriendo claros en el cielo y que cesó la lluvia. Decido entonces caminar solamente con el cubre mochilas y afortunadamente se mantuvo así gran parte de la mañana.

Atravieso Evoramonte de un extremo a otro por la calle principal y en las últimas casas giro a la derecha para en pocos metros entrar en una pista de tierra en ligero ascenso entre encinas y alcornoques.

Cruzo por un puente sobre la autopista A6 y sigo por la pista de tierra arenosa. El camino estaba encharcado y tenía que moverme constantemente a ambos lados para esquivar charcos.

Continúo caminando por la dehesa en ligero ascenso. Encuentro una cancela con su cartel y flecha amarilla que abro y cierro tras pasar, y una vez en la cima comienzo a descender suavemente entre las flores de la retama y la jara pringosa.

A los 8 kilómetros, poco después de salir de la finca por una cuidada entrada con cancela de fácil apertura y cierre, me encuentro un lago con algunas aves acuáticas dentro.

Sigo avanzando de frente sacando fotos con el smartphone y la cámara de fotos. Tras la sesión fotográfica miro el GPS y observo que estoy fuera de ruta. Amplío el mapa y descubro que tenía que haber girado a la derecha, por lo que retrocedo y busco por curiosidad la flecha amarilla. Apareció pintada en el tronco de un árbol unos metros después de girar.

Continúo caminando dejando el lago a mi izquierda entre bonitos paisajes que contemplaba en su magnitud cada vez que alcanzaba la cima de alguna loma.


Unos kilómetros después el trazado continúa llaneando y encuentro otro arroyo que sorteo sin dificultad pisando por piedras planas de diferentes tamaños que alguien depositó en un lado.

Después del arroyo diviso una larga recta con final en cuesta que desemboca en la carretera nacional N-381. Tendría que haberme desviado a la izquierda antes de alcanzar la carretera, pero por alguna razón me despisté y tuve que seguir a la derecha por asfalto unos pocos metros.

Al llegar al puente sobre el arroyo recupero el trazado y las flechas amarillas. Continúo por esta carretera de escaso tráfico, primero en ascenso y luego en suave descenso hasta que en el horizonte ya se divisa el recinto amurallado de Estremoz.

Poco antes de que las flechas amarillas me desvíen por una pista de tierra a la izquierda, un perro de raza mastín salió de una finca y cruzo corriendo la carretera directo hacia mi. En un primer momento me asusté, pero al ver que no ladraba deduje que solo quería cariños. Lo acaricié un rato y luego se fue.
Al girar a la izquierda por esta pista, miro hacia atrás y veo que me sigue. Me adelanta, marca aquí y allá. Lo supero de nuevo y no le hago caso para que deje de seguirme. Como no desiste me detengo, le grito y señalo su camino, pero pasa totalmente de mí.

Unos cuantos metros después sin éxito y viendo que iba a entrar en Estremoz con un nuevo amigo, con pena me agaché e hice el ademán de coger una piedra y arrojarla, a lo que salió corriendo y ya no lo vi más.

Sigo por este cómodo camino y paso por debajo de la autopista. Me encuentro un enorme rebaño de ovejas y un regato que bajaba con bastante agua con una piedra en el centro pero bastante alejada. Consigo arrojar otra piedra grande y la sitúo con la ayuda del bastón entre la otra piedra y la orilla para poder pasar sobre ellas y lo consigo. Continúo después entre encinas y luego por parcelas agrarias y casas aisladas hasta alcanzar otra carretera sin tráfico.

Consigo resguardarme debajo de un árbol de un repentino aguacero y luego sigo mi camino por esta carretera hasta una rotonda que después de girar a la izquierda me dirige después por otra más tranquila para llegar ascendiendo a la entrada de la muralla.

Una vez dentro del recinto amurallado paso sin detenerme mucho por el conjunto arquitectónico pues amenazaba otro aguacero, y me dirijo hasta el centro de la población. Mi alojamiento ese día estaba en el convento de las Maltesas. Un antiguo convento que aloja el Centro de Ciencia Viva de Estremoz, y que reserva un espacio para los peregrinos.

Me puse en contacto por teléfono el día anterior con una responsable, y esa misma chica me acompañó hasta mi habitación en la que habían instalado un radiador y me mostró luego los baños y la cocina comedor.

Sellé la credencial, le pagué los 8 € del alojamiento y después le pregunté donde podía comer un prato do dia. Me aconsejó el restaurante Casa das Bifanas a escasos metros. No estuvo mal pero es más parecido a un restaurante de platos combinados que a uno de comida casera portuguesa.

Después de comer volví al albergue y tras una ducha me quedé dormido en la cama unas 3 horas. Ya se empezaba a notar el cansancio acumulado. Salí luego a visitar el castillo, la iglesia, y contemplar desde la muralla los caminos por los que había caminado esa mañana.

De vuelta cené en el mismo restaurante del mediodía un par de bifanas con una cerveza y me quede feliz. Volví al convento por la puerta de atrás, pues el museo cierra a las 18:00, y me recogí en mi cálida habitación. Un par de llamadas, contestar algunos mensajes y antes de las 22:00 ya estaba de nuevo durmiendo.

Track de la ruta en Wikiloc.

Etapa 04. Estremoz – Santo Amaro

Etapa 02. São Miguel de Machede – Evoramonte

Esta segunda etapa consta de 23 kilómetros con la población intermedia de Azaruja a unos 12 kilómetros del inicio. En el centro de esta población encontraremos bares y tienda de alimentación.

Me desperté a las 06:15 para salir media hora después con las primeras luces del amanecer. Calenté leche con café soluble y lo acompañé de unos bolos de mel que había comprado el día anterior. Recogí todo y salí del albergue con la sensación de haber estado muy a gusto. Llegué a la plaza del pueblo y giré a la izquierda para salir por carretera unos 500 metros hasta una rotonda. Sigo de frente y una flecha amarilla me indica girar a la izquierda de nuevo. El mapa del GPS mostraba claramente que la carretera era el camino más corto. Por un momento pensé en atajar pero al instante descarto la idea y tomo la pista de tierra.
Esta pista nos conduce primero paralelos a una carretera nacional para después girar a la derecha tras llegar a una explotación agraria.
Sigo por esta pista contemplando un pequeño lago a mi derecha y poco después me encuentro la primera cancela de esta etapa que abro y cierro tras pasar sin ninguna dificultad.

Primera cancela

La mañana estaba fresca y soplaba un poco de viento, pero el cielo estaba sin nubes. Continúo caminando y unos metros más adelante la pista se adentra en una enorme parcela en donde pacen las ovejas a sus anchas y que se van apartando a mi paso sin dejar de observarme.

Rebaño de ovejas

Al rato me encuentro con otra cancela, más sencilla y con un sistema de apertura más artesano. Al igual que la anterior abro y tras pasar vuelvo a dejar el sistema de cierre como lo encontré.

Cancela

Unos metros después el camino gira a la derecha por una pista de arena clara y flanqueada en tramos por encinas. Sigo durante un kilómetro espantando a los conejos a mi paso hasta toparme con una nueva cancela. Este portón estaba anclado con un candado electrónico de combinación. Combiné los números 1234 y 0000 sin resultado positivo, por lo que sin dudarlo utilicé las barras de la cancela a modo de escalera para subir y descender por el otro lado.

Cancela con candado

Sigo por esta pista unos 2 kilómetros y salgo a la carretera. Por poco tiempo, pues una flecha amarilla me invita a seguir por un camino de hierba a la izquierda, Más adelante encuentro otra cancela me lleva un poco más de tiempo traspasar, pues además del alambre superior que sujeta las estacas, tenía dos cuerdas que tuve que desatar y volver a anudar desde el otro lado.

A los pocos metros giro a la derecha para alcanzar de nuevo la carretera, retroceder unos metros y coger otra pista que evita que sigamos por asfalto.
Después de este rodeo, salgo hasta otra carretera sin tráfico que me lleva directo a la población de Azaruja.

Al entrar en esta población, antes de girar a la derecha hacia su iglesia, se encuentra el restaurante Bolas, pero todavía estaba cerrado por lo que me desvié del trazado a la izquierda unos 250 metros para llegar hasta la Praça do Morgado Torres, en donde además de un bonito pelourinho hay dos bares, una pastelería y una pequeña tienda de alimentación.

Tras hidratar el cuerpo a media mañana con una Sagres, me senté en un banco de la plaza para descalzarme y enfriar un poco los pies y las zapatillas. Poco después veo llegar a una pareja de extranjeros de avanzada edad con mochilas. Les saludo, se acercan a mi y tras presentarnos me comentan, hablando en inglés, que son de Alemania y que están caminando por la Vía Lusitana siguiendo el libro de Hermann Hass. Respondo que ya lo conocía, pero que yo estaba haciendo el Camino de Santiago y que a pesar de coincidir en muchos puntos, íbamos por caminos distintos en muchas partes del trazado. Seguimos conversando sobre nuestros recorridos y nos despedimos poco después esperando vernos de nuevo en Evoramonte.

Recupero el trazado y paso cerca de la iglesia. Al rato entro en un pista de tierra que me lleva por una bonita dehesa de encinas y alcornoques sobre un manto de hierba verde y pequeñas flores silvestres.

Sigo caminando por este bonito y solitario entorno. Me encuentro con un claro y un pequeño arroyo que vadeo sin dificultad y continúo caminando de nuevo por la dehesa siguiendo las flechas amarillas.

Poco después aparece ante mi una piara de cerdos oscuros rebuscando bellotas debajo de una encina. Tras percatarse de mi presencia me observan con cautela mientras me acerco y al rato salen corriendo despavoridos. Se nota que no pasa mucha gente andando por estos caminos.
De nuevo más olivos y la vista en el horizonte de Evoramonte y su castillo.

Los últimos kilómetros de esta etapa transcurren por fincas y dehesa hasta llegar a las inmediaciones de Evoramonte en donde aparecen fincas con viñedos y más olivos.

Al fondo Evoramonte y su castillo

En esta localidad no hay albergue y las opciones de alojamiento que hay son caras y algo alejadas. La Junta de freguesia de Evoramonte intenta ayudar en lo posible buscando una alternativa. En mi caso, tras una llamada el día anterior, me facilitó el número de teléfono de Maria Isabel, una amable señora que alquila una pequeña casa al lado de la suya por 10 € la noche, y en la que acordé alojarme ese día.

Superada la última cuesta ya en la entrada de la población, me detuve en el bar de la estación de servicio para hidratar y preguntar donde se ubicaba la casa de María Isabel. La empleada amablemente intentó explicarme por donde tenía que llegar, pues queda a 1,5 km hacia atrás, cuando unos obreros que estaban tomando café se ofrecieron a llevarme pues se dirigían hacia allí. Así que tras acabar la cerveza y los cafés nos montamos en la carrinha de trabalho (Pick-Up) y me dejaron en la casa de mi anfitriona.

Casa que alquila Maria Isabel

Tengo que reconocer que estuve genial a pesar de la pequeñas reformas que estaba llevando a cabo. Tenía una pequeña cocina comedor en la entrada y en otra habitación una cama grande y un baño con ducha anexo, separado por media pared.

Habitación de la casa

Tras una ducha caliente, salgo de nuevo a caminar kilómetro y medio para comer en el restaurante El Emigrante. A pesar de ser un poco tarde me atendieron muy bien y disfruté de un rico plato de ternera en salsa de tomate, acompañado de pan y de la correspondiente jarrita de vino tinto.

Vitela em Molho de Tomate

Regreso a la casa y tras dormir una pequeña siesta vuelvo de nuevo al pueblo para sellar la credencial en la Junta de Freguesia. La amable chica de la oficina tenía impreso un mapa para indicarme como llegar a la casa. Le explique lo ocurrido y estuvimos un buen rato conversando. Me despedí de ella agradeciendo toda la atención y subí después hasta el castillo.
El esfuerzo mereció la pena, pues pude pasear por encima de sus murallas y fotografiar el interior del recinto amurallado, el castillo y también las bonitas vistas de alrededor.

Interior de la fortaleza

De vuelta en el pueblo y antes de bajar a la casa, me detuve en una tienda para comprar alimentos para la cena, y también para llevar en la mochila, pues en la siguiente etapa no hay ninguna población intermedia.

Después de cenar salí al jardín con una taza de té y media hora después me retiré a descansar pues hacía frío afuera y comenzaba a llover.

Track de la ruta en Wikiloc.

Etapa 03. Evoramonte – Estremoz

Etapa 01. Évora – São Miguel de Machede

Esta primera etapa consta de 23 kilómetros con la población intermedia de
Nossa Senhora de Machede a los 13 kilómetros del inicio, en donde encontraremos un bar y una pequeña tienda de alimentación.

Dormí estupendamente en el albergue y esa mañana no madrugué, pues quería estampar en mi credencial el sello de la Catedral de Évora que abría sus puertas a las 09:00. Así que desayuné en el primer bar que encontré abierto y luego me dirigí hasta la catedral, que antes de la hora ya tenía sus puertas abiertas.

Catedral de Évora

Tras una breve visita a su interior y con el primer sello en mi credencial, bajé las escaleras del templo y me encontré la primera flecha amarilla de este Camino.

Hablando de flechas amarillas, me gustaría resaltar que las etapas que realicé hasta Crato las encontré bien señalizadas. En algunos puntos podemos llegar a despistarnos y tomar el camino equivocado, es por ello que hay que detenerse en los cruces y buscar bien la flecha amarilla por que suele aparece siempre indicando la dirección correcta.
De todas formas, encendí el GPS Garmin que siempre suelo llevar para guiarme y  para grabar el recorrido. La App oficial también incluye los tracks (rutas) sobre el mapa y nos muestra nuestra ubicación actual sobre la ruta. Puede sernos de mucha utilidad si en algún momento nos despistamos y nos desviamos del trazado oficial.

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Salgo de la ciudad por su lado oeste, y tras pasar algunos complejos residenciales transito por carretera sin tráfico unos 500 metros para desviarme luego a la derecha y poco después entrar en una pista de tierra con un vallado a ambos lados.

Camino por quintas, fincas de cultivo y prados con ganado pastando entre las encinas y alcornoques durante algunos kilómetros. El camino es cómodo y apenas tiene desniveles por lo que mantengo un buen ritmo disfrutando de la fría pero soleada mañana.

Unos kilómetros más tarde me encuentro con un pequeño arroyo que en época de muchas lluvias puede obligarnos a descalzarnos. En esta ocasión pude sortearlo sin dificultad pasando por encima de las hierbas del lado derecho.

Después de superar el arroyo alcanzo una loma y diviso en el horizonte la población de Nossa Senhora de Machede, a la cual llego después de andar un par de Kilómetros.

Me detuve en la terraza del bar A Lareira para hidratar el cuerpo con una Sagres fresquita. Me descalcé con discreción para dejar respirar mis pies y 15 minutos después reinicio la marcha.

Me dejó una buena impresión esta tranquila población. La mayoría de sus casas pintadas de blanco y los marcos de puertas y ventanas en azul marino. Hasta su iglesia nos muestra esta característica decoración.

Iglesia Parroquial de Santa Maria de Machede

Dejo atrás la casas y sigo caminando entre fincas con encinas y alcornoques diseminados por todos lados para poco después adentrarme en enormes plantaciones de olivos a ambos lados del Camino.

Tras superar esta zona de olivares sigo por prados cerrados con vallado en donde pacen felices las vacas y algún rebaño de ovejas.

Después de unos 4 kilómetros disfrutando de este bonito paisaje entro en São Miguel de Machede y me dirijo directamente al restaurante A Varanda, pues eran las 14:30 y en Portugal ya es un poco tarde para comer. Dejo la mochila y bastón en la entrada para no molestar a los paisanos que tomaban café y le pregunto a la camarera si es tarde para comer. Salió de la barra a preguntar a la cocinera y al rato vino a decirme que solo le quedaba lasaña.
La gastronomía portuguesa no defrauda. Hasta el plato más sencillo lo elaboran tan bien que te chupas los dedos. Con la lasaña, acompañada de una ensalada, un pan blanco y una jarrita de vino tinto, me quedé como un Pepe.

Salí del restaurante y me dirigí hasta el Lar de São José Operário. Tras llamar a la puerta y presentarme llamaron a una responsable que ya sabía de mi llegada, pues Teresa de Évora se lo había comunicado. Me condujo hasta una casa anexa cerca de la iglesia y me mostró una habitación con tres camas, un baño con ducha de agua caliente, y una cocina con un fregadero, un microondas y una cafetera.

Me indicó donde estaban las sabanas, las mantas y el libro de registro. Acto seguido me preguntó si quería xantar (cenar). Le dije que si y me ofreció dos horarios. A las 18:00 con los ancianos, o a las 19.00 yo solo. Escogí este último horario y estuve cenando acompañado de una cocinera que andaba a sus labores, mientras yo intentaba acabar una bandeja de carne con pasta y una ensalada.

Había acordado con Teresa pagar aquí el alojamiento de ayer y de hoy, y tras acabar de cenar le pregunté a la cocinera cuanto tenía que pagarle. Me contesta 15 € y tras ver mi cara de duda me desglosa verbalmente el importe en 10 € el alojamiento y 5 € la cena. Le dejé un billete de 20 € que aceptó con una sonrisa y un obrigada .

Tras la cena regreso al albergue y me registro en el libro. Soy el peregrino número 12 desde mayo del 2018. Probablemente haya pasado alguno más que no se registró en el libro, pues no es obligatorio. Después calenté un té en el microondas y salí al callejón a disfrutar de los últimos rayos del sol mientras repasaba la etapa del día siguiente y fumaba un cigarrillo.

Albergue de São Miguel de Machede

Recogí la ropa que lavé por la tarde totalmente seca por el sol y el viento y me retiré a descansar en una cómoda cama.

Track de la ruta en Wikiloc.

Etapa 02. São Miguel de Machede – Evoramonte

Llegada a Évora

El día 2 de abril por la mañana temprano, cogí un autobús desde mi localidad que me dejó en Oporto a las 10:30 hora portuguesa. El tren que me llevaría hasta Évora con trasbordo en Lisboa salía a las 13:30, así que aproveché para comprar una tarjeta sim portuguesa en una tienda de la operadora Meo.

No es primordial, pero a mi me resultó muy útil para no gastar mucho en llamadas internacionales. Con tan sólo las veces que me saltó el buzón de voz en muchas llamadas ya me compensó el gasto. Mi smartphone admite doble sim, pero el slot libre estaba ocupado por la tarjeta de memoria, así que llevé un pequeño Nokia con su cable de carga. El chico de la tienda, muy amable, le insertó la tarjeta sim, eliminó la petición del PIN y la activo para poder usarla. Por 10 € tenía 500 minutos de voz y 6 GB de datos durante un mes. De sobra.

Una breve visita a la Catedral y después a una churrasqueira cercana para llenar el estómago antes de coger el tren.

Catedral de la Sé de Oporto

El trayecto desde Oporto hasta Lisboa fue en un Alfa Pendular, en menos de 3 horas me dejó en el mismo andén en donde 10 minutos más tarde cogí otro tren que me dejaría en Évora hora y media después.

Estación de Oriente en Lisboa

Este tren no iba tan rápido, pero el paisaje de la dehesa del Alentejo en las últimas horas de la tarde me tuvo entretenido hasta el final del trayecto.

Tras salir de la estación, me dirijo hasta el centro de la ciudad y tras pasar fugazmente por la Catedral y el Templo de Diana recibo una llamada de Teresa, la responsable de la Fundação Obra de São José Operário en Évora y en São Miguel de Machede, con la que ya me había puesto en contacto previamente, para decirme que me esperaba en la puerta. Al poco tiempo, tras llegar a la Rúa das Fontes, me encontré con ella y me invitó a pasar mostrándome la casa y la habitación que me tenían preparada.

Habitación en el albergue de Évora

Tras dejar la mochila y registrarme en el libro de peregrinos, le pregunté a Teresa en donde podía cenar, a lo que me contestó que cenaba con ellos. Rechacé el ofrecimiento por cortesía, pero insistió y ya no me negué. Me invito a pasar hasta la cocina donde compartí mesa con ella, con tres encantadoras ancianas y con un joven voluntario.
Una cena sencilla pero bien elaborada y nutritiva, que acompañamos de una agradable conversación en mi pobre portugués con toques gallegos.

Tras la cena y una relajante ducha, salí a recorrer un poco la ciudad, pues mañana no tendría mucho tiempo de visitas culturales.

Templo de Diana en Ëvora

Después del paseo, y con ganas de refugiarme del viento frío nocturno, me dirigí hasta el albergue a descansar.

Etapa 01. Évora – São Miguel de Machede