Etapa 06. Cabeço de Vide – Crato

La sexta etapa de este Camino consta de unos 26 kilómetros hasta Crato y unos 29 kilómetros si decidimos seguir hasta Flor da Rosa. A unos 8 kilómetros del inicio pasamos por la población de Alter Pedroso, y 5 kilómetros después entramos en Alter do Chão en donde encontramos todos los servicios.

En Crato y en Flor da Rosa no hay albergues. Las opciones de alojamiento son casas de turismo rural o de turismo de habitación con precios elevados. Están en acorde con lo que ofrecen, pero se salen del presupuesto medio de un peregrino.
Lo mismo sucede en Alpalhão, el posible final de la etapa siguiente.

No tuve que preocuparme mucho, pues regresaba a casa ese mismo día. Con lo cual, y con la intención de llegar a Alter do Chão a la hora de comer, salí tarde y me tomé la etapa con mucha calma pues tan solo tenía por delante 13 kilómetros hasta esa ciudad.

De nuevo café frío con bolos de mel y salgo del residencial siguiendo las flecha amarillas que me llevan hasta una pista cercana con la primera cancela del día.

Es de las que más me gustan a mi, con una sola hoja de fácil apertura y cierre. Entro en la finca y camino por esta pista esquivando charcos durante unos kilómetros saludando a las vacas que me miran un poco perplejas.

Un par de kilómetros después llego a una granja con maquinaria para trabajos forestales y montones de ramas y viruta de madera. Probablemente para biomasa.
El camino por está zona esta complicado por el barro y el paso de las grandes ruedas de las máquinas.

Salgo de esta explotación siguiendo las flechas amarillas que me conducen por una senda con un extenso pinar de repoblación por el lado derecho.
Superado el pinar, un poste con la concha y flecha amarilla me invitan a desviarme a la derecha.

Continúo unos metros en linea recta y giro después a la izquierda por otra pista casi inapreciable, pues la hierba crecida la camuflaba con el resto del prado. Llego hasta un muro de zarzas con dos huecos. El de frente inaccesible por la cantidad de agua, pero el hueco de la derecha me permite acceder por uno de los bordes sin mojarme, tan solo unos pequeños arañazos de las zarzas.

A partir de aquí entro de nuevo en la dehesa, pero a diferencia de anteriores ocasiones, no tengo un vallado a ambos lados del camino, pues voy caminando dentro de la finca espantando con mi caminar a docenas de vacas y terneros.

El camino ahora es sinuoso, con pequeños giros a izquierda y derecha, sin embargo está perfectamente señalizado y encontraremos muchas flechas amarillas para no perdernos dentro de esa enorme finca.

Las vacas suelen asustarse de nuestra presencia y no representan peligro. De todos modos, es conveniente no provocarlas, pues si tienen crías pueden sentirse amenazadas y todos sabemos lo que es una madre furiosa defendiendo a sus cachorros.

Después de unos 3 kilómetros por esta finca llego a una pista de tierra que me conduce hasta la entrada de Alter Pedroso.
Unos perros atados ladraban dándome la bienvenida y uno de ellos se interponía en una pequeña subida por la que debía acceder. Giré a la izquierda y subí hasta el castillo por la siguiente calle sin ningún inconveniente.

Una vez visitado los restos del castillo y contemplado las bonitas vistas desde ese punto, me detuve a descansar en una mesa y aprovecho para cambiar los calcetines, pues a pesar de no llover, la hierba estaba alta y mojada en algunos tramos.

Salgo del pueblo en descenso y continúo unos metros por carretera hasta desviarme a la derecha entrando en una finca con cancela cerrada pero con dos tramos levadizos a ambos lados para poder pasar fácilmente, tan solo agachándome un poco.
Interrumpo sin intención el descanso a un puñado de ovejas tumbadas en el camino y después de unos metros me encuentro con un monumento megalítico conocido como Anta do Tapadões o Anta de Alter Pedroso.

Anta do Tapadões o Anta de Alter Pedroso

Continúo en descenso hasta una pista de tierra rojiza con enormes alcornoques diseminados por la finca.

A lo lejos veo una pick-up acercándose despacio. Un minuto después, poco antes de cruzarnos, me retiro a un lado para cederles el paso. Levanto mi mano y sus ocupantes me devuelven el saludo moviendo la cabeza, pero por cortesía adquirida, sin muchas ganas. Me dio la impresión de que no les hace mucha gracia que los peregrinos y caminantes circulen por sus fincas.

Poco después, antes de salir a una pista de tierra clara, encuentro la cancela de salida. En esta ocasión no había puertas levadizas y el cierre no se podía abrir pues tenía un candado. Pensando en la manera de traspasar la cancela o la valla, observo en una de las estacas dos cuñas de madera clavadas en lados opuestos.

Tiro la mochila y el bastón al otro lado de la verja y apoyo un pie en la cuña de mi lado. Haciendo equilibrio levanto el cuerpo y paso la otra pierna al otro lado para apoyar el otro pie en la otra cuña. Levanto después la pierna contraria con cuidado de no engancharme con los pinchos de alambre y salto al suelo. Prueba superada.

Sigo por la pista clara algo más de 1 kilómetro y entro en Alter do Chão a las 11:30. Todavía es temprano para comer, así que me dirijo hasta la Junta de Freguesia para sellar la credencial, visito un poco la ciudad y pasadas la 12 me dirijo hasta el restaurante Churrasquinho Alentejano a la entrada de la ciudad, y en donde un cartel anunciaba dos platos a escoger en su diaria (menú del día). Una vez dentro me decido por las chuletas de cerdo encebolladas.

Costeletas de Porco de Cebolada

Tras la comida, vuelvo hasta el centro de la ciudad para salir por un camino paralelo a la carretera nacional n-245 y que va en algunos tramos encajonado entre muros.
Poco después salgo a esta carretera y camino por ella durante un kilómetro y medio. Llego a una rotonda, paso por debajo de la autopista y luego otra rotonda. Continúo por otra carretera de asfalto con algunos tramos de adoquines durante 2 kilómetros, hasta que una flecha amarilla me desvía a la izquierda por una pista de tierra.

Más adelante giro a la derecha y transito en ligero descenso por un bosque de eucaliptos. El primero que me encuentro en estos 6 días.

Tras el bosque llego a un cauce que vadeo sin problemas pisando en las pequeñas piedras del lado izquierdo y ayudándome con el bastón.

Sigo después por un sendero paralelo a las vías del tren que cruzo más adelante para caminar después entre las vías y el río Ribeira de Seda por un verde bosque típico de ribera. Unos metros más adelante cruzo este río por un puente medieval.

Tras superar este cauce toca ascender por una pista de tierra hasta alcanzar la carretera.

Crato queda a un kilómetro y medio de este punto. Yo debo aparcar mi Camino aquí y tomo la carretera en dirección contraria, hasta la estación de ferrocarril de Crato en donde cogería un tren hacia Oporto a las 16:40.

Track de la ruta en Wikiloc.

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